El pasado 23 de Octubre, la NASA compartió una actualización completa donde explican todos los avances de la misión Artemis 3 y desvelan cuál va a ser el plan que van a llevar a cabo.
Introdución a la misión Artemis III
Randy Bresnik, Frank Rubio, Andre Douglas y el italiano Luca Parmitano, de la ESA, son los cuatro astronautas que volarán en la Artemis 3 a lo largo de 2027. Y aunque se trata de la siguiente misión tripulada del programa con el que la NASA quiere volver a la Luna, ninguno de ellos va a pisarla, porque la Artemis 3 solo se llevará a cabo en la órbita de la Tierra y no irá a la Luna. Su objetivo es poner a prueba todos los sistemas que harán falta cuando llegue el momento de aterrizar de verdad, algo que está previsto para la Artemis 4 en 2028.
Precisamente por eso es una misión más interesante de lo que parece. Durará 14 días, ampliables hasta 17, y en ese tiempo la tripulación se va a acoplar a dos módulos de aterrizaje completamente distintos sin alejarse de la Tierra, para comprobar si funcionan sin asumir tantos riesgos.

Cómo se llevará a cabo la misión
El primer paso de la misión es el despegue del New Glenn de Blue Origin. La empresa de Jeff Bezos lanzará su módulo de pruebas (Blue Moon) a órbita antes de que la NASA lance el SLS con los astronautas dentro. El Blue Moon tiene capacidad para aguantar un mes en órbita terrestre. Aún así, la NASA planea que la tripulación de la Artemis III se reúna con él en cuanto antes para minimizar los riesgos.

Después, el SLS lanzará la nave Orión (el módulo de los astronautas) a una órbita elíptica. Durante el primer día, la nave se clocará sobre una órbita de 300 millas náuticas (unos 555 kilómetros) para estabilizarse térmicamente y evitar sobrecalentamientos en la nave. Una vez asentada la nave, durante el segundo día la nave desciende lentamente hasta las 237 millas náuticas (439 kilómetros), mientras que los astronautas realizarán pruebas de funcionamiento en la Orion y prepararán la nave para el acoplamiento.
Durante el tercer día, la Orion se acoplará al Blue Moon con el objetivo de entender cómo se comportan las dos naves trabajando juntas en condiciones reales. Durante los días 4 y 5 las dos naves permanecen acopladas, y los astronautas harán las pruebas necesarias: abrirán la escotilla, entrarán dentro del módulo, comprobarán los sistemas de presurización y ensayarán varias situaciones de emergencia.
El sexto día de misión despega una Starship desde Florida y la tripulación va a tener que acoplarse a un segundo módulo que no se parece en nada al primero. La Orion se desacopla del Blue Moon y ajusta su órbita hasta las 206 millas náuticas (unos 382 kilómetros), donde se encontrarán el día 8. El acoplamiento con la Starship funciona de otra manera, ya que su sistema va en el morro, y en esta ocasión la tripulación no llega a entrar dentro.
Es una demostración de unas dos horas, pero suficiente para sacar datos valiosos sobre cómo se comportan los sistemas de acoplamiento con un vehículo tan diferente. Cuando terminan las operaciones con la Starship todavía le quedan días de margen a la tripulación para hacer más pruebas antes de volver a casa.

El objetivo real de Artemis 3
Toda la misión sirve para una cosa: comprobar en órbita terrestre los mismos sistemas que después tendrán que funcionar alrededor de la Luna.
El que más preocupa es el soporte vital (todo lo que mantiene vivos a los astronautas: generar oxígeno, retirar el CO₂, controlar la temperatura y reciclar el agua), que según la propia NASA es lo más difícil de construir y ya fue uno de los grandes objetivos de la Artemis 2. Además se van a probar el control de reacción con sus tanques, válvulas y propulsores, los paneles solares articulados y el control térmico activo con sus radiadores.
Pero lo más llamativo es la estructura principal del módulo tripulado lunar, porque se está construyendo ahora por primera vez y la unidad que están fabricando es exactamente la que volará en esta misión.
En qué punto está la misión ahora mismo
Ahora mismo la NASA está montando el cohete. La etapa central tiene unos 65 metros, casi 8,5 de diámetro, cuatro motores RS-25 y más de 733.000 galones de hidrógeno y oxígeno líquidos, y está estos días en el VAB, tumbada de lado mientras se pesa para calcular el perfil de vuelo. La semana que viene será trasladada a la High Bay 4 para volver a ponerse de pie y unirla a los dos aceleradores de combustible sólido, que terminaron de ensamblarse a principios de octubre. Después llegan las comprobaciones finales, y con ellas hechas el conjunto saldrá a la rampa 39B a ensayar el repostaje.
Hay motivos para la confianza, porque los datos que dejó la Artemis 2 hace unos seis meses salieron prácticamente idénticos a lo previsto: una precisión del 99,987 % en el encendido que mandó a Victor Glover, Reid Wiseman, Jeremy Hansen y Christina Koch hacia la Luna, y 1.200,21 millas náuticas de distancia frente a las 1.200 calculadas. El análisis posterior del escudo térmico de la Orion ha confirmado además que las correcciones que se le hicieron funcionaron.
La NASA cambiará su visión en las misiones Artemis
Además del plan de vuelo, la NASA aprovechó la presentación para dejar clara una idea que va más allá de la Artemis 3, y es cómo quiere trabajar a partir de ahora.
El planteamiento es que la NASA vuelva a concebirse como una única organización que se apoya en otras, y no como un cliente que reparte encargos. Eso significa que empresas como Blue Origin o SpaceX, aunque sean compañías independientes que construyen sus propios vehículos, en estas misiones trabajan para la NASA, y la misión es exclusivamente de la NASA. Es un matiz que tiene consecuencias, porque en un momento en el que buena parte del hardware lo pone la industria privada, define de quién es la misión y quién responde de ella.
La segunda idea que repitieron es la de asumir los resultados propios, tanto los aciertos como los errores. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, lo planteó como una exigencia interna: la agencia tiene que hacerse dueña de sus fallos igual que de sus éxitos, porque es la única forma de corregirlos a tiempo.
La tercera es la de elegir. Durante años se le ha pedido a la NASA que abarcara más de lo que podía asumir, así que ahora la intención es concentrarse en menos frentes y quedarse con los más difíciles, que son los que justifican la existencia de una agencia espacial pública.
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